martes, noviembre 13, 2007

Las supersticiones Parte 2

Silbar cerca de un escenario, vestirse de amarillo o nombrar a “la que se arrastra” es, para los actores, sinónimo de mala fortuna.

Lo de vestir de amarillo proviene de un hecho real, la última obra de Moliere, destacado dramaturgo, actor y director francés del siglo XVII, se llamó “El enfermo imaginario”. El autor se reservó para sí mismo el papel principal, ya que de hecho estaba enfermo: lo aquejaba una avanzada tuberculosis.

En la cuarta representación de la obra, el 17 de febrero de 1673, Moliere sufrió un terrible ataque de tos. Tan fuerte tosió que se le rompió una vena y su traje amarillo se manchó de sangre. Perdió el conocimiento sobre el escenario y murió unas horas después.

Aquel infausto episodio cambió la historia del teatro, y no sólo por la pérdida de tan excelso comediante: a partir de ese momento, vestirse de amarillo en escena pasó a ser sinónimo de mala suerte.

El mundo del espectáculo tiene sus propias reglas en cuanto a la buena y la mala fortuna. Algunas tienen su origen en un hecho concreto (como la del pobre Moliere); otras son simples caprichos de la historia con aroma a leyenda urbana.

Sin embargo, quienquiera que participe del Show business deberá cumplirlas a rajatabla, bajo riesgo de “excomunión artística”. Paradójicamente, en el teatro (y luego por extensión a cualquier rubro del espectáculo), desear suerte –dicen– da mala suerte.

En vez de eso se debe recurrir al conocido merde (bah mierda) cuestión que también tiene su explicación racional: cuando esta costumbre fue forjada, épocas en las que el caballo era el medio de locomoción por excelencia, tener mucho excremento en la puerta del teatro representaba tener la sala llena con los propietarios de esos animales.

Para ganarse la antipatía de un artista nada mejor que mencionar la palabra “víbora” antes, durante o después de una función, en el set de una película o en un programa de televisión. La identificación bíblica de este reptil con la maldad le ha valido el rechazo de la comunidad artística. Para referirse a ella se recurrirá a sinónimos como “bicha” o “la que se arrastra”, o directamente –por si acaso– se evitará el tema. No importa cuán admirador seas de una actriz: jamás le regales claveles.

La superstición que le atribuye mala fortuna a esas flores viene del siglo XIX, cuando los teatros contrataban en forma directa los actores por toda la temporada. Si el director de la sala quería decirle a la actriz que su contrato sería renovado, le enviaba rosas. En cambio, si eran claveles lo que le mandaba, significaba que la artista pasaba a partir de ese momento a integrar la nómina de desocupados.

Silbar en las cercanías del escenario tampoco lo hará popular entre actores. El origen, una vez más, es mucho más mundano de lo que parece: resulta que en los tiempos en los que no existían handies para indicarle a los técnicos cuando debían abrir el telón, mover elementos de la escenografía o hacer algún tipo de precario efecto especial, se utilizaban silbidos. De tal manera, si alguien silbaba, los técnicos podían considerarlo una orden y cumplir con su trabajo, pero fuera de tiempo, con el consecuente perjuicio para la obra.

Otro mandamiento que viene del teatro y se extendió al resto de la industria del entretenimiento dice que “jamás tejerás en escena”. ¿La razón? Sentido común puro: las puntiagudas agujas pueden desgarrar disfraces o caer al suelo y provocar caídas y también se atribuye a que en la época de la Revolución Francesa, las damas que acudían a ver las ejecuciones públicas, que eran el espectáculo de moda, siempre llevaban labores de punto o se ponian a tejer mientras esperaban entre una ejecución y la otra.

En cuanto al vestuario, es considerado de mala suerte tener dos o más trajes iguales y utilizarlos alternativamente: se debe empezar y terminar la temporada con el mismo. Incluso hay obras consideradas “malditas”, entre ellas El Señor de Pigmalión, Robin Hood y –muy especialmente– Macbeth. Con relación a esta última, no sólo es un desafío interpretarla: con sólo nombrarla en las inmediaciones de un teatro alcanza para invocar a mala fortuna (se la debe llamar “la obra escocesa” o “la obra del Bardo”, por su autor William Shakespeare).

Las leyendas urbanas con respecto a Macbeth son innumerables: se dice que ya en su primera representación Shakespeare tuvo que hacer el papel principal femenino porque el muchacho elegido para ese rol se enfermó súbitamente y murió. La historia enumera teatros incendiados, actores pasados a mejor vida en medio del escenario y todo tipo de calamidades alrededor de Macbeth, algunas comprobadas, otras no tanto.

Como todo mito, tiene una explicación “sobrenatural” y otra concreta y realista. La primera está relacionada con una canción que forma parte de la obra, en la cual unas brujas, en la ficción, invocan a espíritus malignos. El cuento es que el ritual supuestamente funcionaría en la realidad y las almas en pena harían su aparición en cada función, dispuestas a arruinarlo todo. Los actores se irritan y se enojan si alguien ajeno canta esos versos o se dicen fuera del ensayo o la representación.

Muchos actores evitan decir el nombre de la obra, por miedo a conjurar la mala suerte y se dice que siempre se tiene que representar con el mismo vestuario con que triunfo la compañía que lo está representando.

En fin, si se saben mas supersticiones, me encantaría que me las dijeran, yo no soy supersticiosa pero me gusta investigar de esto y sus orígenes.

¡Hasta el próximo post!

2 comentarios:

Linda dijo...

Yo no sere supersticiosa pero si me dan una herradura de caballo, no pasa nada si la guardo, no??? jajajjaa

Aun asi, creo que todos somos supersticiosos a cierto nivel. Conozco gente que siempre firma con la misma pluma, o que se pone la misma camisa para x cosa, etc. sin razon aparente....

la flaca dijo...

Aunque caí algo tarde a tu post, quisiera dejarte algunas que yo conozco.

Como desear buena suerte es de mala suerte, cuando quieres que le vaya bien a un actor, director o compañía, se dice "rómpete una pierna".

No debes correr sobre la duela del teatro cuando sales de escena, de hacerlo, invariablemente sufrirás un accidente. Y me consta, yo que no creía en esto, una vez lo hice y en la oscuridad metí mi pie en un hueco donde iban lámparas y me lastimé, jeje.
En los musicales o las óperas, los miembros de la compañía no deben bajar al foso donde está la orquesta o la banda, ya que ocasionarán que toquen mal.

Una costumbre en la compañía donde yo estuve en Chihuahua era reunirnos todos en el Salón Verde y rezar u orar juntos (la mayoría éramos católicos).

Son algunas que conozco, aparte de las que mencionaste.

Saludos.